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Volver mientras aún hay tiempo

Foto del escritor: Fernando Arias
Fernando Arias
hace 4 horas
2 min de lectura
El problema no siempre es haberte equivocado de camino. A veces, el verdadero peligro es descubrirlo y seguir avanzando por orgullo, por costumbre o por miedo a comenzar de nuevo. ¿Y si todavía estás a tiempo de volver?


No temas retroceder si descubres que los pasos que has dado hasta hoy no fueron guiados por Dios y todavía estás a tiempo de corregir tu rumbo.

A veces, avanzar no es señal de estar en la dirección correcta. Podemos invertir años, fuerzas y recursos en un camino y descubrir, en algún momento, que necesitamos detenernos, reconocer nuestros errores y tomar otra dirección.

Imagina a alguien que lleva años sosteniendo negocios que han dejado de ser saludables. Sabe que algo no está bien, que sus valores se están comprometiendo y que permanecer allí le está costando más de lo que puede reconocer. Sin embargo, le cuesta tomar una decisión porque ha invertido demasiado tiempo y dinero. Le parece absurdo abandonar después de tanto esfuerzo. ¿De qué sirve aferrarnos a los años invertidos si por no cambiar terminamos perdiendo los que vienen?

O piensa en alguien que necesita alejarse de ciertas relaciones, cambiar de ambiente o comenzar una nueva etapa. Sabe que necesita hacerlo, pero le asusta perder las amistades, los compañeros, las rutinas y la seguridad de lo conocido. Lo nuevo genera incertidumbre, mientras que lo familiar, aunque ya no haga bien, ofrece una sensación de control. Y muchas veces preferimos la incomodidad que conocemos antes que la incertidumbre de un cambio necesario.

Rectificar no siempre significa regresar a lo que teníamos. A veces, significa aceptar que el nuevo camino tendrá otras personas, otros lugares y otros tiempos. Y eso cuesta, porque nuestra mente tiende a aferrarse a lo conocido, incluso cuando sabemos que necesitamos avanzar de otra manera.

Sin embargo, si algo he aprendido en el camino es que rectificar nuestras decisiones, por difícil que sea el proceso, vale la pena cuando lo hacemos de la mano de Jesús, con humildad para reconocer nuestros errores y con la sabiduría de rodearnos de las personas correctas. Porque es mejor atravesar la incomodidad de corregir el rumbo que vivir con la falsa tranquilidad de perseverar en nuestros errores.

Proverbios 3:5-6 nos recuerda que debemos confiar en Dios y reconocerlo en todos nuestros caminos, con la certeza de que Él puede enderezar nuestras veredas.

Así que quizás enderezar tu camino no signifique volver a donde estabas, recuperar lo que perdiste o reconstruir lo que dejaste atrás. Quizá signifique aprender a caminar de una manera diferente, con nuevas personas, en lugares inesperados y en tiempos que no habrías elegido.

No temas comenzar de nuevo. No permitas que el orgullo de reconocer un error te impida corregirlo, ni que el temor a lo desconocido te condene a permanecer donde ya sabes que no debes estar.

A veces, Dios no endereza el camino que llevabas… te enseña a caminar por uno nuevo.
 
 
 

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