El gigante de la escasez intenta convencernos de que lo que tenemos no es suficiente, que nuestras circunstancias determinan nuestro futuro y que nuestras limitaciones tienen la última palabra. Pero la historia de Elías y la viuda nos recuerda que cuando Dios es la fuente, incluso lo poco puede convertirse en el escenario donde Él manifiesta su fidelidad.