El Gigante de la Escasez
- Fernando Arias
- hace 2 días
- 3 min de lectura

En nuestra serie “Gigantes” hemos estado hablando de esas realidades que se levantan delante de nosotros y que muchas veces parecen más grandes que nuestra capacidad para enfrentarlas. Sin embargo, al mirar las historias bíblicas descubrimos que Dios no solamente se interesa en vencer aquello que nos amenaza, sino también en formar nuestra fe mientras atravesamos esos procesos.
En esta ocasión caminamos por 1 Reyes 17, una historia que muchas veces recordamos principalmente por la viuda de Sarepta y el milagro de la harina y el aceite que no escasearon. Y aunque esa parte del relato es poderosa, hay una perspectiva que no siempre observamos: esta historia también trata de Elías.
Antes de llegar a Sarepta, Elías pasó por el arroyo Querit. Allí Dios lo llevó a un lugar de dependencia, donde aprendió que su provisión no estaba en el arroyo, ni en los cuervos, sino en Dios mismo. Pero llegó un momento en que el arroyo se secó. Ese detalle es importante porque el mismo Dios que había enviado la provisión permitió que la fuente que sostenía a Elías se terminara. No porque Dios hubiera dejado de cuidar de él, sino porque estaba guiándolo hacia una nueva etapa.
Muchas veces interpretamos los cambios, las pérdidas o los finales de temporada como señales de abandono, cuando en realidad pueden ser parte del proceso de Dios. Elías necesitaba salir de Querit para llegar a Sarepta. Y allí aparece una de las escenas más interesantes del relato. Dios le dice a Elías: “Ve a Sarepta de Sidón, y mora allí; he aquí yo he dado orden allí a una mujer viuda que te sustente” (1 Reyes 17:9).
Elías tenía una necesidad: necesitaba alimento. La viuda tenía una necesidad: necesitaba esperanza, provisión y una palabra de Dios en medio de una crisis. Y Dios conectó ambas historias. Muchas veces vemos solamente una parte del milagro. Vemos a la viuda que recibió la provisión, pero olvidamos que ella también fue instrumento de provisión para Elías. Ella necesitaba a Elías, pero Elías también necesitaba a ella.
Esto nos recuerda que Dios no solamente prepara recursos, también prepara encuentros. Él puede estar trabajando en la vida de alguien mientras nosotros estamos esperando una respuesta. Puede estar formando a una persona que será parte de nuestro proceso, así como puede estar preparando nuestra vida para ser respuesta en la vida de alguien más.
La historia de Sarepta nos muestra algo profundo: quizá Dios no solamente había preparado a la viuda para alimentar a Elías, sino que también había preparado la llegada de Elías para sostener la vida de aquella mujer y su familia.
El milagro no fue únicamente que la harina no faltara y que el aceite no disminuyera. El milagro también fue que Dios cruzó dos historias que parecían estar marcadas por la escasez para mostrar que Él seguía teniendo un propósito en medio de la necesidad.
La escasez cambia nuestra mirada: de lo que falta a quien provee. La viuda veía una última comida. Elías veía una necesidad. Pero Dios veía una oportunidad para revelar su fidelidad.
El gigante de la escasez intenta convencernos de que lo que tenemos no es suficiente, que nuestras circunstancias determinan nuestro futuro y que nuestras limitaciones tienen la última palabra. Pero la historia de Elías y la viuda nos recuerda que cuando Dios es la fuente, incluso lo poco puede convertirse en el escenario donde Él manifiesta su fidelidad.
Quizá hoy alguien está viviendo su propio “Querit”, un tiempo donde algo que antes sostenía su vida parece estar desapareciendo. O quizá alguien está en su propia “Sarepta”, enfrentando una situación donde siente que ya no tiene más que ofrecer.
Pero el Dios de Elías sigue siendo el mismo. Él sigue guiando procesos, formando corazones y conectando personas conforme a sus propósitos. La pregunta no es solamente: “¿Qué me falta?” La pregunta también es: “¿Qué está haciendo Dios en medio de esta temporada y cómo quiere formar mi fe a través de ella?”
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