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Conocer a Jesús

  • Foto del escritor: Fernando Arias
    Fernando Arias
  • hace 4 horas
  • 5 Min. de lectura

La teología, cuando es sana y bíblica, no debe terminar en el conocimiento intelectual. Debe conducirnos al encuentro personal con el Señor. En ese camino de conocer a Jesús, muchas personas atraviesan diferentes etapas. En la Biblia vemos repetirse un patrón que se asemeja a un proceso espiritual. Podríamos describirlo en tres pasos sencillos: curiosidad, convicción y compromiso.

Curiosidad. El primer paso muchas veces comienza con una simple curiosidad espiritual. Algo en nuestro corazón despierta interés por Jesús. Tal vez escuchamos hablar de Él, vemos su obra en la vida de alguien o sentimos un deseo genuino de saber más. No nos referimos a una curiosidad mal orientada, aquella que nos acerca al pecado, como ocurrió en el caso de Adán y Eva, sino a una curiosidad que Jesús no rechaza y que muchas veces transforma en una oportunidad para acercarnos a Él. En el Evangelio de Juan encontramos una escena muy significativa que refleja este primer momento.

Juan 1:35-39 (RVR1960)“Al día siguiente otra vez estaba Juan, y dos de sus discípulos. Y mirando a Jesús que andaba por allí, dijo: He aquí el Cordero de Dios. Le oyeron hablar los dos discípulos, y siguieron a Jesús. Y volviéndose Jesús, y viendo que le seguían, les dijo: ¿Qué buscáis? Ellos le dijeron: Rabí (que traducido es, Maestro), ¿dónde moras? Les dijo: Venid y ved. Fueron, y vieron donde moraba, y se quedaron con él aquel día; porque era como la hora décima.”

Es interesante notar que estos hombres no están pidiendo un milagro ni una señal espectacular. Simplemente quieren saber dónde vive Jesús. Desean conocerlo. Y Jesús no los rechaza. Los invita. Muchas veces el camino hacia una fe profunda comienza precisamente así: con una pregunta sencilla y con un deseo genuino de conocer más acerca de Cristo. En otra ocasión, después de que Jesús resucitó a Lázaro, muchas personas llegaron al lugar no solamente para ver a Jesús, sino también para ver a Lázaro.

Juan 12:9 (RVR1960)“Gran multitud de los judíos supieron entonces que él estaba allí; y vinieron, no solamente por causa de Jesús, sino también para ver a Lázaro, a quien había resucitado de los muertos.”

La curiosidad puede convertirse en el primer paso que acerca a las personas a Cristo. Y algo más ocurre en ese proceso. Muchas veces, mientras tratamos de descubrir quién es Jesús, Él comienza a revelarnos quiénes somos nosotros. Esto fue lo que ocurrió cuando Andrés llevó a su hermano Simón ante Jesús.

Juan 1:42 (RVR1960)“Y le trajo a Jesús. Y mirándole Jesús, dijo: Tú eres Simón, hijo de Jonás; tú serás llamado Cefas (que quiere decir, Pedro).”

Mientras Pedro apenas comenzaba a conocer a Jesús, Jesús ya estaba revelando la identidad y el propósito de su vida. Así sucede muchas veces con nosotros: nos acercamos a Cristo con preguntas, y en el proceso descubrimos que Él ya nos conoce profundamente.

Convicción. El segundo paso en el camino con Jesús es la convicción. Llega un momento en que la curiosidad ya no es suficiente. El corazón comienza a comprender que Jesús no es solamente un maestro interesante ni una figura histórica importante. Él es el Señor. La historia de Natanael refleja muy bien ese momento.

Juan 1:46-49 (RVR1960)“Natanael le dijo: ¿De Nazaret puede salir algo de bueno? Le dijo Felipe: Ven y ve. Cuando Jesús vio a Natanael que se le acercaba, dijo de él: He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño. Le dijo Natanael: ¿De dónde me conoces? Respondió Jesús y le dijo: Antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi. Respondió Natanael y le dijo: Rabí, tú eres el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel.”

En ese momento Natanael comprendió algo profundo: Jesús lo conocía completamente. La convicción nace cuando el corazón reconoce que Jesús es quien dice ser. No se trata únicamente de una idea intelectual. Es una respuesta de fe que involucra todo el corazón. El apóstol Pablo lo expresa con claridad:

Romanos 10:9-10 (RVR1960)“Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.”

La convicción es ese momento en el que comenzamos a confiar en Dios y en su Palabra. Es el punto en el que la verdad acerca de Cristo deja de ser solamente información y se convierte en fe personal. Pero el camino con Jesús no termina en la convicción.

Compromiso. Existe un tercer paso: el compromiso. Jesús nunca presentó el discipulado como una simple simpatía espiritual. Seguir a Cristo implica una decisión real que transforma la manera en que vivimos.

Mateo 16:24-25 (RVR1960) “Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará.”

El compromiso ocurre cuando decidimos entregar nuestra vida a Dios y vivir de acuerdo con su voluntad. No se trata únicamente de una emoción espiritual o de un momento significativo. Es una decisión que se refleja en la forma en que pensamos, actuamos y caminamos con el Señor cada día.

Romanos 12:1-2 (RVR1960) “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.”

El compromiso no es solamente una decisión interna. Se manifiesta en una vida transformada.

Este mismo patrón aparece repetidamente en las Escrituras. Moisés, por ejemplo, primero se acercó por curiosidad para ver la zarza que ardía sin consumirse. Luego comprendió que Dios le estaba hablando y finalmente aceptó la misión de liberar a Israel de Egipto. La mujer samaritana comenzó una conversación aparentemente casual con Jesús junto al pozo. Después reconoció que era un profeta y finalmente entendió que era el Mesías, dejando su cántaro para ir a anunciarlo a su pueblo. Zaqueo, por su parte, subió a un árbol simplemente para ver quién era Jesús. Luego reconoció su autoridad y finalmente decidió cambiar su vida y restituir lo que había robado.

En cada una de estas historias vemos el mismo movimiento del corazón humano cuando se encuentra con Cristo. La curiosidad nos acerca. La convicción nos afirma. El compromiso nos transforma. Tal vez hoy te encuentras en alguno de estos pasos del camino. Quizá tu curiosidad te ha llevado a estudiar más acerca de Jesús. Tal vez tu corazón ya está comenzando a reconocer que Él es realmente el Señor. O quizá ya has decidido seguirlo, pero continúas creciendo en ese compromiso día a día. Cualquiera que sea el punto en el que te encuentres, la invitación de Jesús sigue siendo la misma que hizo a aquellos primeros discípulos hace dos mil años:

“Venid y ved.” (Juan 1:39) Quienes deciden caminar con Él descubren algo maravilloso: conocer a Jesús es el comienzo de una vida completamente transformada.
 
 
 

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