top of page

¿Qué pasó en Venezuela? Una mirada al escenario entre los Estados Unidos y Venezuela.

  • Foto del escritor: Fernando Arias
    Fernando Arias
  • 3 ene
  • 5 Min. de lectura

Actualizado: 8 ene


En los últimos días el mundo ha sido testigo de acontecimientos que, sin exagerar, marcan un punto de inflexión en la dinámica internacional. Las noticias que llegan desde Venezuela, las declaraciones oficiales desde la Casa Blanca, las reacciones de otras potencias y el silencio estratégico de algunos actores globales nos colocan, una vez más, frente a una realidad que no puede leerse solo desde titulares, publicaciones en las redes ni desde nuestros impulsos emocionales.

Quienes me conocen saben que, además del ministerio pastoral, mi formación en ciencias de la comunicación y mi paso por la docencia me enseñaron una lección fundamental: los hechos importan, el contexto importa y el tiempo es clave. No todo se entiende en el primer momento, y no todo lo que se dice explica realmente lo que está ocurriendo.
Por eso, antes de interpretar, conviene observar. Antes de reaccionar, conviene analizar. Y antes de sobreespiritualizar, conviene comprender.

En mi recorrido por la universidad, especialmente en las clases de investigación periodística, aprendí una lección que sigue siendo vigente: la prisa puede nublar el discernimiento. Observar con atención, contrastar los hechos y entender los procesos antes de emitir juicios no es falta de compromiso, es responsabilidad.

Esto no surge de la nada
Lo ocurrido recientemente en Venezuela no aparece de forma aislada ni mucho menor espontánea. Es el resultado de años de tensiones acumuladas, sanciones económicas, acusaciones internacionales, alianzas estratégicas y disputas por recursos energéticos, especialmente el petróleo. Por eso, hay que recordar que hoy en día, la política internacional no se mueve primordialmente por discursos idealistas, sino por intereses de poder y presión.

El mismo día que Venezuela recibía visitas de alto nivel de una potencia como China, se ejecutaron acciones militares que cambiaron abruptamente el escenario. En geopolítica, ese tipo de coincidencias rara vez son inocentes. Los mensajes no siempre se envían con palabras, muchas veces se envían con hechos.

Desde una mirada estrictamente periodística, estamos ante una demostración clara de cómo las naciones poderosas actúan para proteger sus intereses estratégicos, reordenar equilibrios en distintas regiones y enviar señales a los aliados y a los adversarios. La historia contemporánea está llena de episodios así, aunque cambien los nombres y los contextos. Decir esto no es justificarlo, pero tampoco es ignorarlo. Es entender cómo funciona el mundo real.

El riesgo de las lecturas apresuradas
En momentos así, surge una tentación común, también dentro de la iglesia: querer interpretar todo de inmediato, etiquetar los acontecimientos como cumplimiento profético directo o reducirlo todo a etiquetas ideológicas.

La Biblia, sin embargo, nos llama a otra actitud. Jesús mismo advirtió sobre estos tiempos y también advirtió contra la prisa interpretativa. Habló de guerras, rumores de guerras, angustia entre las naciones y corazones desfalleciendo por el temor. Pero nunca llamó a sus discípulos a vivir dominados por el pánico ni por la especulación.

Presta atención a ambas citas (léelas bien, aunque ya las conozcas): 

Mateo 24:6–8
“Y oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin.Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares.Y todo esto será principio de dolores.”

Lucas 21:9–11
“Cuando oigáis de guerras y de sediciones, no os alarméis; porque es necesario que estas cosas acontezcan primero; pero el fin no será inmediatamente.”

Como ves, la Escritura no es ingenua respecto al poder humano. Reconoce que los reyes conspiran, que los imperios se levantan, que las naciones se agitan y que muchas veces la justicia humana responde más a intereses que a principios morales elevados. De hecho, el Salmo 2 describe con crudeza esa realidad: pueblos haciendo cosas vanas y gobernantes consultando desde su propia soberbia. Pero el salmo no termina allí. Afirma algo profundo: Dios no pierde el control de la historia cuando los poderosos actúan. Su trono no se mueve al ritmo de las decisiones humanas y termina diciendo: "¡Dios bendice a todos los que en él confían!" (v.12, TLA)

La Biblia presenta una visión sobria del mundo: el poder humano existe, es real, pero es muy limitado. Y esto es importante recordarlo y comprenderlo: ningún imperio es eterno, ninguna hegemonía es definitiva y ningún proyecto humano puede ocupar el lugar de Dios.

Oscuridad sobre las naciones, luz que no se apaga (una mirada a un pasaje importante)
El profeta Isaías habló de un tiempo en el que la oscuridad cubriría la tierra y las tinieblas a los pueblos. Sí, ese mensaje fue dado a Israel en un contexto específico de restauración y esperanza futura, y no puede ser trasladado mecánicamente a cualquier nación o circunstancia. Sin embargo, el principio que revela permanece vigente: la oscuridad no cancela la acción de Dios. La Biblia nunca prometió un mundo estable, ¡pero sí prometió un Dios fiel!

A lo largo de toda la Biblia, Dios ha obrado en medio del caos, no solo después de él. Ha levantado esperanza cuando los sistemas humanos fallan y ha sostenido a su pueblo cuando las estructuras se sacuden.

Como pastor y como cristiano, más allá del análisis, me preocupa el corazón con el que enfrentamos estos tiempos. No estamos llamados a vivir desinformados, pero tampoco a vivir angustiados. No estamos llamados a callar, pero tampoco a hablar sin responsabilidad.

Por eso, hoy más que nunca, necesitamos recuperar una espiritualidad sobria y madura. Como lo aprendí desde pequeño:

  • Observar con cuidado.
  • Comentar con prudencia.
  • Orar con responsabilidad.
  • Descansar en el poder y la soberanía de nuestro Padre Celestial.

La esperanza cristiana no está en la estabilidad de los gobiernos ni en la fuerza de los imperios. Está en un Reino que no depende de elecciones, ejércitos ni recursos naturales. El Reino de Dios no puede ser comparado con los gobiernos humanos, porque opera bajo principios distintos y responde a una autoridad distinta. No se impone por la fuerza, pero permanece cuando todo lo demás cae.

Seguiremos observando los acontecimientos. Habrá más información, más reacciones y más que analizar en los próximos días. Habrá tiempo para profundizar más, estudiar y reflexionar con mayor amplitud. Pero hoy, como iglesia, afirmamos algo esencial: Dios no ha perdido el control de la historia. Y nosotros no estamos llamados a vivir dominados por el temor, sino guiados por la fe, el discernimiento y la esperanza.

Las naciones pueden sacudirse. Los sistemas pueden cambiar. Los poderes pueden reconfigurarse. Pero el Señor sigue reinando.

Recuérdalo: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.” Mateo 24:35.

Señor: hoy elevamos nuestra oración por Venezuela, por su pueblo, por las familias que viven en medio de la incertidumbre, del dolor y del cansancio acumulado. Tú conoces los corazones, las heridas visibles y las que no aparecen en las noticias. Clamamos por sabiduría para quienes ejercen autoridad y para todos los poderes involucrados en este tiempo. Que tus propósitos prevalezcan por encima de los intereses humanos, y que el caos no tenga la última palabra.

En medio de un mundo que se sacude, recordamos nuestra confianza en Ti. Que donde hay confusión, Tú traigas luz; donde hay temor, Tú traigas paz; y donde el orden se ha quebrado, Tú obres con justicia y también con misericordia. En tus manos ponemos a Venezuela, a las naciones y a nuestras vidas. Amén.
-Fernando Arias

 
 
 

Comentarios


bottom of page