¿Caducan las Promesas de Dios?
- Fernando Arias
- 29 ago 2025
- 4 Min. de lectura
Aplicando hoy lo que Dios prometió hace miles de años.
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Este artÃculo lo he escrito con una dinámica diferente: menos narrativa y más práctica, pensando en ti que lo lees y que quizá te preguntas si las promesas del Antiguo Testamento todavÃa tienen vigencia hoy. Mi intención no es confundirte ni abrumarte con teologÃa compleja; al contrario, busco que encuentres respuestas claras y aplicables, que te ayuden a abrir los ojos y a descansar en el Señor, confiando en que Él sigue hablando, guiando y cumpliendo su palabra en nuestra vida hoy.

Una de las discusiones más antiguas y, a la vez, más actuales dentro de la teologÃa cristiana es la siguiente: ¿Siguen vigentes las promesas que Dios dio en el Antiguo Testamento, o quedaron limitadas al pueblo de Israel y a su momento histórico?
Para algunos, esas promesas son únicamente documentos del pasado, textos que debemos interpretar en su literalidad histórica, sin pretender que tengan aplicación en nuestra vida. Para otros, en el extremo opuesto, cada versÃculo puede aplicarse de forma mágica y sin contexto, como si se tratara de un amuleto espiritual. Personalmente, creo que ninguno de los dos caminos es correcto. Estoy convencido de que la Palabra de Dios no caduca, porque su naturaleza es eterna. Si decimos que la Biblia expira, estarÃamos poniéndole un alto a la eternidad misma y reduciendo al Dios vivo a un Dios de museo.
Las promesas en su contexto original
Es cierto que muchas promesas del Antiguo Testamento fueron dadas en contextos especÃficos:
IsaÃas 43:19 se dirige a un pueblo en exilio, que anhelaba restauración.
JeremÃas 29:11 fue escrito a cautivos en Babilonia, asegurándoles que el plan de Dios seguÃa firme a pesar de la crisis.
Ezequiel 36 habla de la restauración de Israel después de la dispersión.
Estos textos tienen un valor histórico real y fueron primero una palabra dirigida al Israel de la época. Negar eso serÃa ignorar la fidelidad de Dios a su pueblo a lo largo de la historia.
El cumplimiento en Cristo
Pero allà no termina la historia. El apóstol Pablo nos da la clave en 2 Corintios 1:20:"Porque todas las promesas de Dios son en él SÃ, y en él Amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios." Esto significa que el cumplimiento último de todas esas promesas está en Cristo. Él es el eje que conecta las palabras dadas hace miles de años con nuestra vida hoy.
IsaÃas habló de aguas en el desierto, y en Cristo tenemos rÃos de agua viva en el EspÃritu.
JeremÃas aseguró planes de bien, y en Cristo descubrimos la esperanza de una vida abundante.
David cantó que Jehová es su pastor, y en Cristo conocemos al Buen Pastor que dio su vida por las ovejas.
Jesús es el puente eterno que hace que una promesa dada en el 600 a.C. pueda tener sentido y poder en el 2025.
Cómo aplicar las promesas hoy
Aquà es donde está el equilibrio:
No se trata de tomar cada versÃculo como si fuera una carta escrita personalmente a mÃ.
Pero tampoco de descartarlo como un simple recuerdo arqueológico.
El camino correcto es discernir cómo esa promesa revela el carácter de Dios y cómo ese carácter sigue siendo vigente en Cristo para nosotros.
¿Cómo lo puedo poner en práctica?
Si IsaÃas 43:19 habla de caminos en el desierto, yo puedo creer que Dios abrirá caminos en mis situaciones imposibles, porque su naturaleza es hacer nuevas todas las cosas.
Si JeremÃas 29:11 aseguraba planes de bien para cautivos, yo puedo confiar en que el mismo Dios que no se olvidó de ellos tampoco me ha olvidado a mÃ.
Si el Salmo 23 proclamaba confianza en medio de la angustia, yo puedo caminar hoy en la certeza de que no estoy solo cuando camino los valles de sombra.
Un error común: literalidad vs. aplicación espiritual
El error está en los extremos:
Reducir la Biblia a historia antigua, como si fuera solo literatura cultural.
Aplicarla sin discernimiento, como si cada palabra fuera un decreto directo a mi situación sin mediación alguna.